domingo 12 de octubre de 2008

 

Panel Natación en Juegos Olímpicos de Beijing 2008


El martes 7 de octubre realizamos en APA el panel “El fuego olímpico”, que contó con la presencia del Prof. Rodolfo Sacco, entrenador del equipo argentino de natación que asistiera a los juegos olímpicos de Beijing, el Dr. Ricardo A. Rubinstein y la Lic. Gladys Lacher, psicoanalista, como coordinadora.
Fue destacable el fuego, la pasión expuesta por el Prof. Sacco al relatar sus experiencias personales no solo durante las olimpíadas sino en todo el transcurrir de su trayectoria como deportista.
Es en el terreno de los ideales, (asistir a los juegos, lograr una medalla, representar al país, a la ciudad) donde se inscriben las metas y por ende la motivación que empujará a soportar pruebas extenuantes (entrenamientos agónicos, por ej.) tolerar sacrificios y renuncias (vida familiar, social), soledad y viajes.
Esto es más notorio en un deporte como la natación cuya práctica es amateur en la Argentina.
Sabemos que en el ideal, moldeado en las aspiraciones parentales proyectadas en el hijo y atravesado por las marcas de la cultura, hay un reencuentro del perdido narcisismo infantil, pero vía cumplimiento de mandatos, demandas y exigencias.
Asimismo contamos con reglas de observancia respecto de cuánto y cómo se permite y se vivencia afectivamente alcanzar o no el ideal. Estas reglas las llamamos metaideales y nos brindarán pautas que influyen en aprender a experimentar éxito/fracaso y seguir adelante, enfrentar presiones y no quedar cautivos o sojuzgados totalmente por la mirada de los otros, etc.
El orgullo y la estima adquiridos al alcanzar ese lugar, se complementa con el clima especial que se respira en la Villa Olímpica durante 15 días, conviviendo por un lado con pares del color y la raza más diversa, codeándose mano a mano con los ídolos mayores de cada deporte, compartiendo un mismo sueño y espíritu.
Sacco subrayó la importancia de contar con ayuda y trabajo psicológico para nadadores y deportistas de alta competencia. Lo fundamentó en considerar que el 33% del rendimiento dependía de los aspectos anímicos, además de lo técnico y lo físico. Casi todos los equipos deportivos de las potencias de primer nivel tuvieron equipo psicológico integrado a su delegación, no así nuestro país.
“Los nadadores en especial están expuestos a un altísimo nivel de exigencia, sufrimiento físico y psíquico (dureza mental) y soledad. Esta es superior aún a la que poseen otros deportes individuales como tenis o golf. El nadador no tiene visión de campo ni de contrincante, solo tienen una línea de fondo, burbujas y el sonido del agua.
El psicólogo, más allá del entrenador es quien puede conocer más íntimamente al deportista para lograr el equilibrio y la sintonía necesarias con su personalidad”.
Se mencionó la importancia y difusión del deporte en la cultura de nuestro tiempo, integrado en otras sociedades al ámbito educativo y universitario, y que así permite un desarrollo menos disociado de la personalidad.
La natación en particular, disciplina olímpica por excelencia, es un deporte que puede ser practicado desde criaturas hasta más de 90 años de edad. Su efecto saludable y con escasas contraindicaciones de tipo médico hace que no solo sea útil para la supervivencia sino que el movimiento y el contacto con el medio líquido sean una fuente de placer y erotismo.
Los últimos años se fueron realizando avances notorios en investigación física y biomecánica con el objetivo de lograr mejores marcas y tiempos en la velocidad de los nadadores, pero también en nombre de la ciencia y las metas se sometieron a tremendas aberraciones y experimentación (enemas de aire, embarazos y abortos, doping con anabólicos, etc.).
El vínculo entrenador/nadador, los modos de influencia y motivación en determinados momentos de la competencia (ver imágenes significativas o películas como Rocky), los conceptualizamos también como modos de ejercer influjo transferencial, no solamente como efecto puntual, sino como trama procesal.
Por último, las preguntas de la concurrencia acerca del estilo de personalidad de los nadadores (prevalencia de introversión), estructura familiar, etc., dejaron abierta la posibilidad de continuar este fructífero intercambio.

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